Está sentada en el suelo, enojada.
Voltea hacia abajo, agarra apio, zanahoria, o lo que sea que hay dentro del tupper.
Sus ojos están rodeados por una sombra roja, profunda, que le brinda una cuarta dimensión a su mirada. En el pelo, plétora de pasadores. Parece altamar, lleno de olas, de movimiento perpetuo, de aquellas mareas reacias a cesar.
-Empiezo a pasar lista -dice su maestra. Se levanta y entra, cansada.